La creatividad como un valor dentro del proceso educativo
La preocupación por el desarrollo de la creatividad en la educación superior, se remonta a los
primeros niveles escolares. Quizá en los primeros tres años de la escuela primaria todavía se recibe
algún tipo de estimulación para desarrollar la creatividad, pero a partir de ese momento va
desapareciendo hasta la universidad, exceptuando aquellas carreras relacionadas con actividades
artísticas. Sólo aquellos estudiantes que por "naturaleza" son creativos, esto es, que han desarrollado
esta capacidad a pesar de la escuela, tienen el recurso para aplicarlo a nivel profesional.
Tradicionalmente se ha considerado a la creatividad como un don de las musas, y no como
una cualidad humana educable que puede ser desarrollada como cualquier otro comportamiento. De
esta manera, en México la formación a nivel superior parece estar sobrecargada de teoría y buena
parte de los programas, aun cuando contemplen un considerable porcentaje de horas prácticas, no se
apartan de dos procesos psicológicos básicos: la memoria y la comprensión.
Sin embargo, el
conocimiento que adquiere un sujeto, debe transferirse de una situación a otra, lo cual requiere una
serie de capacidades que sólo pueden ser explicadas a través del pensamiento creativo (Delval,
1984), de tal suerte, la oportunidad de elaborar un producto creativo implica la interrelación de seis
factores: la inteligencia, el conocimiento, los estilos de pensamiento, la personalidad, la motivación
y el contexto (Sternberg y Lubart, 1992), todos ellos estrechamente vinculados al proceso
educativo.
Por otro lado, la modernidad provoca un cambio acelerado, tanto científico como tecnológico,
10 cual fue considerado dentro de Las políticas educativas de México para el período 1989-
1994, ya que en el documento correspondiente se establece que:
Dado que la ciencia es un factor que genera y transforma el conocimiento, la educación debe
favorecer actitudes de búsqueda y metodologías de investigación en todos los niveles
educativos.
Por su parte, la tecnología exige desarrollar una actitud critica y la capacidad
de conocimiento de La propia realidad, y despertar la creatividad para su innovación, su
adaptación y aplicación a problemas locales, regionales y nacionales. (SEP, 1988, p. 23)
Más adelante, en el mismo documento, se enfatiza el componente innovador de La educación,
el cual, se señala, deberá ser aportado principalmente por la educación superior. A pesar de
tales recomendaciones, la educación superior todavía no goza del beneficio de la creatividad.
Hay que señala que la creatividad requiere del desarrollo de un gran número de procesos
psicológicos cotidianos: recordar, hablar, escuchar, comprender el lenguaje y reconocer las
analogías (Boden, 1994), lo cual ocurre en cualquier institución educativa. Pero este desarrollo debe
tener un carácter habilidoso, enfocado a fomentar la destreza en el individuo, condición que
difícilmente cumplen muchos programas escolares en la actualidad.
Asimismo, involucra la
exploración y la evaluación; una persona que puede evaluar sus ideas novedosas, las aceptará o las
corregirá, esto se da a través de la práctica de nuevas habilidades, las cuales desarrollan de manera
espontánea representaciones mentales explícitas del conocimiento que ya se posee en una forma
implícita. De aquí que se considere de suma importancia propiciar y reforzar la capacidad creadora
del estudiante universitario.


Comentarios
Publicar un comentario